Aventura realizada. Mientras terminamos de realizar el montaje del vídeo completo, os ofrecemos un avance.
Vamos a leer la crónica redactada por Salva, nuestro gran piloto, guía de los Brother's y compañero incondicional.
Fotos en Ruta
Aquí os mostramos una avanzadilla de las fotos revueltas. En breve os organizaremos la Crónica junto con las imágenes.
Crónica del 1er. día
Sábado, 21 de Marzo de 2.009
La organización ha llegado. Os ha hecho las camas del hotel, puesto la cerveza en la nevera, tapadas las niñas para que no se resfríen, ... y ...
Llegamos al aeropuerto a por los "supuestos" pilotos de aventuras.
Allí, una vez aterrizado el avión, esperamos en la puerta de embarque vestidos de amarillo para que nos reconozcan los nuevos y empeciezan a salir por la puerta celebridades televisivas. Si, si, "famosos" de la prensa rosa. Así que ... vemos al Mariñas con su amigo... rumores, comentarios, pero... ¿que nos importa realmente?, tantos kilómetros de vuelo para... GAS Y GASOLINA!!!!.
Hemos llegado a Marruecos !!!! Nerviosos, impacientes.... solo quieren ver a su niña.
Así que, para los nuevos, empiezan a tomar consciencia del país, la conducción empieza...
Llegamos al hotel, empezamos con las prisas... rellena hoja para policía, llave de la habitación, reunión y presentación en 5 minutos,... Stress, stres...
Ya los tengo a todos sentaditos con el pasaporte y un boli en la mano y... algunos se han levantado a las 5 de la mañana para poder coger el avión... pues un peque aperitivo para matar el hambre hasta llegar a la medina y poder comer.
Paseo por la Medina... compras... y regreso al hotel.
Otra vez reunión, explicamos la ruta y el Road-Book del día siguiente, Gps, dudas, ... y a cenar.
Después de la cena, el equipo médico de la mano del pequeño Manolo, nos enseña en vivo y directo que hacer en caso de urgencia...
Mañana más, y empieza la ruta de la mano de la pluma de Salva...
2º Día - 1ª Etapa.
Domingo, 22 de Marzo de 2.009
Como al que espera siempre le aguarda su recompensa, por fin llega para nosotros el momento de iniciar nuestra aventura. Con nuestras máquinas y físicos en perfecto estado (tiempo habrá de que el paso de los kilómetros haga mella tanto en unas como en otros) iniciamos la primera etapa saliendo de nuestro hotel en Marrakech ¡hasta dentro de una semana, chicos! y tras un pequeño enlace de asfalto, pisamos las tan anheladas pistas. Estas son rapidísimas durante los primeros quince kilómetros, y nos sirven para ir aclimatándonos y soltar los nervios del inicio. Poco a poco, las pistas, que discurren ahora entre trigales, se vuelven más lentas y entretenidas, al tiempo que de tanto en tanto cruzamos alguna aldea, y sus umbríos huertos al borde de pequeños arroyos dan un toque de contraste a la ruta. Siempre al fondo, las primeras elevaciones del impresionante Atlas, al que poco a poco nos vamos acercando.
En estas estamos, y casi sin darnos cuenta hemos cubierto cerca de un tercio de la etapa, cuando llegamos a la primera dificultad. Un ancho río que desciende crecido de las montañas pone a prueba nuestra capacidad de vadeo. Por suerte todos pasamos sin grandes problemas y no hay que lamentar ninguna “inmersión”, aunque más de uno llevará los pies en remojo lo que queda de día.
A partir de aquí nos esperan unos veinte kilómetros de reviradas pistas entre huertos con multitud de cruces, lo que hace que tengamos que prestar gran atención a la navegación. La última parte la hacemos por el lecho de un arroyo seco, en cuya arena todos disfrutamos de enroscar el puño y nuestro amigo Manu exhibe su gran nivel de pilotaje.
Salimos de nuevo al asfalto y aprovechamos para repostar nuestras sedientas máquinas. Un enlace por carretera nos llevará hasta el punto donde nos espera Benjamín con el furgón. Allí comeremos a la sombra de unos árboles (se agradece el jamón y otras delicias en estas latitudes) y con las fuerzas ya repuestas encaramos la segunda parte de la jornada.
Al poco de salir afrontamos unas pistas de tierra roja que suben hacia las montañas. Los vehículos de los lugareños han dejado profundas roderas durante las pasadas lluvias, lo que nos exige máxima atención. Después de unos treinta kilómetros de suave subida o llaneo volvemos a bajar hacia el valle de un río, por cuyo margen derecho discurren las bellas pistas que recorreremos los próximos veinte kil´metros. En este punto debemos cruzar a la otra ribera, por lo que de nuevo toca vadear, lo que aprovechamos para hacer unas fotos y reagruparnos un poco. Aquí, tras atravesar una población tomamos una revirada pista de montaña que nos llevará en una rápida ascensión a cruzar el Atlas. Después de coronar el puerto a unos 1200 metros, iniciamos la bajada, durante la cual no podemos evitar parar a tomar fotos, pues los paisajes son impresionantes.
Después de unos treinta kilómetros de descenso llegamos a la llanura donde seguimos unas divertidísimas pistas que atraviesan un paisaje semejante a la sabana, y unos kilómetros después tomamos un último enlace de asfalto que nos lleva por fin a nuestro hotel en Taroudant, donde después de un breve repaso a los vehículos tomamos unas merecidas cervezas.
3er. Día - 2ª Etapa
Lunes, 23 de Marzo de 2.009
Después de la primera jornada de contacto, y ya repuestas las fuerzas en el maravilloso
Dar-Zitune (una pasada el jardín. Las primeras veces, te perdías buscando la habitación) Iniciamos la segunda etapa, que nos llevará hasta Kerdous por pistas de montaña cruzando el Anti-Atlas.
Mi grupo (los hermanos Joan y Guillermo y yo mismo) sale un poco tarde por mi culpa, así que encaramos los primeros kilómetros con ganas de recuperar el tiempo perdido. Tras un enlace por carretera de unos 15 km. tomamos las primeras pistas, que de nuevo, discurren por una llanura salpicada de árboles y al igual que ayer, recuerda a la sabana africana. El ritmo es fuerte y pronto llegamos a un pueblo bastante grande con un extenso palmeral. Bordeamos la población y solo unos cientos de metros después nos metemos en el cauce de un rió seco, el cual remontamos hasta que aparece una pista en subida muy revirada y rota, por la cual iniciamos nuestra andadura por el Anti-Atlas. Aquí ya hay muchos arganiers, que es el árbol local por excelencia y abunda en estas cordilleras. Después de la dura subida pasamos junto a una aldea. Los niños y mayores nos miran sorprendidos y saludan, pero nadie se acerca a importunar (igualito que en Erfoud, vamos) se nota que aquí no vienen turistas. Unos metros mas adelante, ¡sorpresa! me doy cuenta que he pinchado la rueda trasera. Reparamos rápidamente, aprovecho aquí para agradecer a los chicos (y chica) de los ATV la ayuda que me prestaron en esta etapa y las siguientes, y reiniciamos la marcha, pero poco después advertimos que el problema no se ha solucionado y decidimos esperar a Guillermo y colocar una cámara nueva.
Continuamos con todo ya en orden, aunque vamos muy retrasados debido a todas estas incidencias. Las pistas, casi siempre en subida, nos han adentrado en las montañas y cuando llegamos a un punto desde donde tenemos una impresionante vista de un valle a nuestros pies y de la revirada pista que nos llevará hasta él, podemos ver en la lejanía el polvo de los que nos preceden. Continuamos por agrestes parajes, atravesando de vez en cuando alguna aldea perdida y cuando solo faltan unos pocos kilómetros para llegar al punto donde nos espera Benjamín con la comida y la gasolina, cometo un error con el rutómetro y, zoquete de mí, empiezo a desandar camino sin darme cuenta hasta que me topo de frente con el Toyota de Guillermo. Gracias a la gasolina que lleva conseguimos llegar al punto de reavituallamiento (ninguno de los tres llevamos depósito grande) a pesar de los kilómetros extra. Reemprendemos el camino (gracias una vez más a Benjamín por llevarnos todo lo necesario a un lugar tan recóndito) Ahora toca un largo enlace de asfalto hasta Tafraut, pero la revirada carretera y los increíbles paisajes por los que discurre no permiten que nos asalte el aburrimiento. En Tafraut repostamos en una gasolinera y al poco de abandonar la ciudad, tomamos una pista que se interna en un paraje que sería el sueño de cualquier trialero. Unos pocos kilómetros más y tras una empinada bajada llegamos a las rocas pintadas. La verdad es que es un lugar alucinante y nos hartamos de echar fotos.
Retomamos la ruta acuciados por el tiempo, pues aún faltan sesenta kilómetros y se nos echa la tarde encima. Vamos por unas pistas reviradas y muy rotas, divertidísimas, en las que hay que prestar mucha atención a la navegación y terminamos en una pista arenosa de bajada en la que disfrutamos de dar gas sin contemplaciones. El último enlace de asfalto nos llevará al hotel del port de Kerdous, encaramado sobre unas rocas en lo alto de un puerto de montaña. Hoy los vehículos se han llevado un buen tute y toca darles un repaso. Encima la gasolinera más cercana está cerrada, por lo que hay que ir a buscar otra a unos quince kilómetros. Unos (los más previsores) aún irán hoy a repostar, mientras que otros decidimos dejarlo para mañana y madrugar un poco más.
Mapa del recorrido del día:
4º Día - 3ª Etapa
Martes, 24 de marzo de 2.009
La tercera etapa nos llevará de Kerdous a Fort Bou Jerif, en Playa Blanca, dejamos las pistas de montaña para internarnos en paisajes más desérticos.
Hoy recuperamos a Viçens ya repuesto de su gastroenteritis, pero perdemos a Jaume que ayer ya llegó con su quad cargado en el remolque. Se irá en el furgón con Benjamín hasta Guelmim, donde intentará repararlo. Así que hoy la comida viajará en el Toyota.
Nos toca madrugar, la relajación de las primeras jornadas ha hecho que lleguemos un poco tarde todos los días, además, como ya dije, hay que repostar y está un poco lejos.
El día se levanta con una “ligera brisa” que estando de pie te tira, así que el ir en moto va a suponer todo un desafío esta mañana. Hacemos el enlace de carretera zarandeados por el viento, y durante los primeros kilómetros de pista por una llanura pedregosa, también nos da de lo lindo. Pero poco después aparece un profundo barranco y por su ladera derecha vemos la serpenteante pista que nos llevará en un descenso de vértigo hasta el fondo del mismo. Las vistas son escalofriantes, las fotos solo reflejan mínimamente la belleza de este lugar, paredes cortadas que descienden hasta el lecho del estrecho valle, el verdor del cual contrasta con la aridez del entorno.
En este punto nos hemos reagrupado, el viento por fin nos deja tranquilos, y el descenso se hace lento, una porque el camino no invita a muchas alegrías y otra, porque cada cien metros uno u otro paramos a hacer fotos. En una de estas estamos, cuando ya casi hemos llegado al fondo, comentando lo increíble del paisaje, cuando de pronto algo nos hace callar. Es la canción que entona una pastora que va con su rebaño por las crestas de las laderas. La voz, potente y juvenil, resuena en las paredes y propicia un momento mágico, que hace que todos quedemos extasiados escuchando.
Pero la canción termina y entonces, como saliendo de un encantamiento, recordamos a lo que hemos venido aquí. ¡A dar gaaas!. Así que arrancamos las motos y cubrimos los pocos metros que nos quedan de descenso y nos internamos en el umbrío palmeral que vimos desde arriba. El contraste es total y no podemos evitar parar de nuevo para echar unas fotos. Por fin reiniciamos la ruta que en adelante va discurrir por el fondo de la garganta de altísimas paredes que veíamos desde arriba. El camino aprovecha muchas veces el lecho del arroyo, así que vamos circulando sobre cantos rodados, hasta que aparece una ancha pista, la cual seguimos hasta un punto donde la dejamos y volvemos al cauce seco el cual seguiremos durante unos diez kilómetros por un camino que más que verse, se intuye.
En un punto salimos a la destartalada gasolinera donde debemos repostar (los surtidores van a manivela) y tomamos asfalto para enlazar con el punto donde comeremos. El paisaje contrasta con el de los primeros días, pues ahora avanzamos por una llanura desértica.
Llegamos al lugar indicado para el reavituallamiento, los que iban primero han localizado un palmeral donde disfrutaremos de algo de sombra (hoy el calor empieza a notarse). Después de volver a repostar de la gasolina transportada por el Toyota, y con las fuerzas repuestas con una deliciosa comida, café incluido (como nos cuida Cristina), reanudamos la marcha, pues nos quedan todavía casi ciento veinte kilómetros hasta nuestro destino. La ruta nos lleva ahora por una llanura arenosa, donde disfrutamos tanto de la navegación como del pilotaje. De esta forma cubrimos rápidamente cuarenta kilómetros, hasta que me doy cuenta de que he pinchado de nuevo, esta vez de delante (decidido, aquí hay que venir con mousse). Cabreado, opto por no reparar y continúo con la rueda pinchada lo que queda de ruta hasta Guelmim, donde repostamos de nuevo y aprovechamos para reparar tanto Fernando, que también ha pinchado, como yo. Desde aquí tomaremos de nuevo asfalto hasta la pista que nos llevará hasta Fort Bou J. Una vez allí, existe la posibilidad de hacer un bucle de treinta kilómetros que Guillermo ha marcado “por si alguien se queda con ganas”, pero todos estamos necesitados de un descanso y las motos piden a gritos un buen repaso, así que solo nos acercamos hasta el fuerte a echar las últimas fotos del día.
Ya de noche llegará Jaume con su Honda reparado. Está exultante, pues ya se veía volviendo para casa antes de hora. Lluís recupera a su satélite…
5º Día - 4ª Etapa
Miércoles, 25 de marzo de 2.009
Hoy toca etapa bucle, recorrido 100% fuera de carretera, en su mayor parte por la playa y las dunas adyacentes.
Un día más, después del desayuno y la consabida explicación por parte de Guillermo de los detalles de la ruta, salimos con nuestros vehículos en busca de más diversión. Hoy el furgón no sale, así que Benjamín se apunta al lío y viaja en el Mitsubishi con La fiera del desierto, Sandra y Lola.
Hacemos los primeros treinta kilómetros por las polvorientas y rotas pistas que se dirigen hacia la costa. Cuando llegamos a la playa la marea está en su punto más bajo (esto no es casualidad, se ha tenido en cuenta porque los coches pueden tener problemas si la marea alta les pilla en la playa), así que disponemos de una ancha, lisa e interminable recta de arena húmeda para dar rienda suelta a nuestros locos cacharros y hacer todo tipo de locuras. Y vaya si las hacemos, caballitos, derrapadas, motos a ciento cincuenta por hora… la arena todo lo permite y durante unos minutos, una cuadrilla de majaretas motorizados (nosotros) va dejando un rastro de serpenteantes roderas por la playa. Poco a poco se nos va pasando el subidón y nos tranquilizamos un poco, nos agrupamos y disfrutamos de la inigualable sensación de dejarse ir, el mar a nuestra derecha y las dunas a la izquierda, y mirar a los compañeros atravesar bandadas de gaviotas, que echan a volar a nuestro paso.
Pero hay quien no tiene nunca suficiente, y los “brothers” quieren nuevas sensaciones, así que nos internamos en la cordillera de dunas. Al principio Joan se pega un par de buenos revolcones, pero poco a poco cogemos el tranquillo a las dunas y los hermanos cada vez se atreven a más, acabando por subir las altísimas rampas de la última línea de dunas, que llevan arriba del acantilado. Mientras tanto, yo me he cansado de ir pendiente de la conducción y llevar un ojo en la playa para que no nos adelanten los coches mientras estamos en las dunas, así que bajo a la playa y desde allí voy controlando a los hermanos (dos pequeñas motas que aparecen y desaparecen por las crestas de las dunas) y espero la llegada de los coches. A todo esto, el resto del grupo ha continuado y ya ni se les ve. Finalmente Joan y Guillermo salen de las dunas y continuamos playa abajo hacia el fuerte Aoreora, donde dejaremos la costa (han sido más de cuarenta kilómetros de playa y dunas) e iremos tierra adentro hacia el punto donde se ha establecido que pararemos a comer y repostar. Pero el caso es que llegamos al fuerte y como los coches no han llegado, y justo enfrente está la duna más altas que hemos visto en toda la mañana, pues allá que vamos los hermanos, Carlos y yo mismo a intentar subirla. A Carlos, el desfalleciente embrague de su moto no le permite coronarla, pero el resto lo conseguimos, con gran alborozo por nuestra parte. ¿Y ahora que toca? ¿Bajar? Pues nada, nos encaramos a la parte más empinada, y para abajo.
Como andamos escasos de gasolina, decidimos subir al fuerte, donde están los otros. Y para rizar el rizo, Guillermo y Joan lo harán por una empinada trialera de roca y arena, entre los gritos de ánimo de todo el grupo.
Ya todos juntos reemprendemos la marcha hasta el punto de la comida, donde encontramos a Sandra y Benjamín (Lola ha cambiado de compañeros de viaje en plena marcha y va en el Toyota de Gustavo) que nos dan la noticia de que Guillermo se ha atascado al pasar la desembocadura de un río, el cual nosotros habíamos cruzado sin problemas, pero él ha llegado con la marea subiendo (ha tenido que parar a reparar un ATV y se ha retrasado). Así que nos toca continuar, a pesar de saber que las motos con depósito pequeño y los quads nos vamos a quedar sin gasolina en poco tiempo, como así sucede. Por suerte, el Mitsubishi, las motos con depósito grande y los ATV llegan donde está Guillermo y el coche vuelve con gasolina para todos los que nos hemos ido quedando por el camino. Finalmente llegamos donde el Toyota y el Jeep de Pedro se han quedado, reponemos fuerzas con una comida tardía y retomamos la playa para volver a Fort Bou. Una estimación algo optimista por mi parte de la distancia que nos queda por recorrer hará que lleguemos al hotel con un dedal de gasolina, algunos ni eso, por lo que tenemos que echar mano de los bidones del ATV de Jesús y Mariví (gracias una vez más) para llegar.
Playa Blanca
6º Día - 5ª Etapa
Jueves, 26 de marzo de 2.009
Con la resaca de habernos quedado ayer sin poder disfrutar plenamente de la etapa (excepto Joan y Guillermo, que se hartaron de subir y bajar dunas) emprendemos la penúltima etapa, que nos llevará a Agadir, la Benidorm marroquí (eso dicen).
Los primeros kilómetros serán por unos enrevesados y casi borrados caminos de montaña, lo que nos hace ir muy pendientes del rutómetro y el GPS. Después de unos veinte kilómetros, salimos a una ancha pista en dirección oeste, que nos lleva casi hasta la playa, donde tomaremos una estrecha carretera la cual, en paralelo a la costa, seguiremos hasta un punto en el que bajamos a la playa y donde nos espera el enorme caparazón de un barco encallado, oxidado por los muchos años de contacto con el ambiente marino. Tras tomar las preceptivas fotos, seguimos por la playa, que por cierto no tiene nada que ver con la de ayer, pues la de hoy es de enormes cantos rodados y pone a prueba nuestras dotes endureras. Un poco mas tarde tomamos de nuevo asfalto, para enlazar con Sidi Ifni, donde repostaremos en una cutre-gasolinera y continuaremos hasta Aglou. En Aglou playa paramos en un restaurante a comer pescadito, y tras repostar de nuevo los que llevamos depósito pequeño (esta vez de los bidones del furgón), reemprendemos la marcha por unas pistas arenosas, que una vez soltamos la pereza posterior a la comida, se convierten en la parte quizá mas emocionante de todo el viaje. Y es que van a ser setenta kilómetros de auténtica diversión, durante los cuales a Joan, Guillermo y a mi se nos irá calentando poco a poco la muñeca derecha, y acabaremos volando sobre las baches y roderas de arena, a un ritmo verdaderamente alto, al menos para mi y mi “2 estoques”, que por cierto, se ha portado de maravilla y no se ha quejado de la paliza a la que se ha visto sometida durante el viaje. Casi llegando al final, encontramos una zona de dunas, y allí esperamos al resto de los grupos. Conforme van llegando entran en las dunas y aprovechan para curar la frustración que supuso no poder hacerlas ayer. Especialmente los mallorquines, Joan y Miguel, que hoy se sacan la espinita, y los “brothers” que es que no pueden parar ni un momento.
Unos kilómetros y salimos a asfalto, para poco después dejarlo y tomar el último tramo que nos llevará casi hasta Agadir. Son unos caminos de arena, con grandes peraltes y saltos (parece un circuito de motocross) donde quemaremos los últimos cartuchos de adrenalina, antes de entrar en los pueblos de la periferia de Agadir, donde nos espera un excelente hotel con el mayor y más variado buffet que he visto en mi vida.
Bueno chicos, esto ha sido todo. La sexta etapa la dejo para alguien que quiera contarla desde su punto de vista, pues yo me la perdí por una leve indisposición (la típica cagalera marroquí, vamos). Así que ¡ánimo valientes, y hasta la próxima!