Bueno, tras el tremendo palizón que supuso para la organización hecer el trayecto Alicante-Marrakech en una sola jornada y hechas las presentaciones con los nuevos y el reencuentro con los conocidos, llega el momento de encarar una semana de pura aventura sobre nuestros vehículos, de disfrutar plenamente de lo que más nos gusta y olvidar por unos días los problemas de la vida cotidiana. Esta ha quedado atrás en la vieja Europa, ahora estamos en África y toca dar gas.
Abandonamos nuestra base de operaciones, el hotel Almorávides de Marrakech, no sin antes hacer un voto por que la sana costumbre de servir cerveza gratis en la piscina, se extienda a todos los hoteles del mundo, en pro del bienestar y el progreso de la humanidad. Salimos por las calles de Marrakech y a los dos kilómetros, el primer problema, el motor de la KTM de Jero empieza a tirar aceite de una forma alarmante. “No problem”, una llamada a Guillermo y ensegida lo tenemos allí para solucionar rápidamente el problema. Continuamos hacia nuestra primera parada, una gasolinera donde llenamos los depósitos y tras unos pocos kilómetros encaramos las primeras pistas, que discurren por la planicie que precede las impresionantes estribaciones del Atlas.
Tras un nuevo repostaje y enlace de asfalto, tomamos una serpenteante y estrecha pista que asciende por la ladera de una montaña. A los pocos metros encontramos al grupo de los ATV solucionando un pinchazo (de los muchos que padecerán durante el viaje, un castigo sin duda por ser adoradores del falso Dios de las Cuatro Ruedas, y no venerar al de las Dos Ruedas, como nosotros). Pero como dicen en mi tierra, “al que es burla el dimoni li furga” y al poco de pasarlos cometo un error de interpretación del rutómetro y tomo un cruce al revés, con lo que mi grupo (bastante nutrido por cierto) da una vuelta entera a una colina, lo que unido a una parada para reparar la maneta de embrague de la Yamaha de Llorenç, hace que llegemos a la comida después de los quads, para rechifla de éstos y vergüenza mía.
Tras una reparadora comida en un pinar (café incluido, que nivel) salimos pitando a recuperar el tiempo perdido. Vamos por unas pistas de tierra rojiza que discurren por las márgenes de un valle, y sin más contratiempos llegamos al pueblo de Argana, donde encontramos a Paco que anda loco buscando a Pedro, se han separado y no sabe si va por delante o por detrás.
Decidimos que él continue hasta el siguiente punto y nosotros (o sea, mi sufrido grupo y yo) esperaremos un poco por si aparece. Finalmente, llegan los coches y decidimos continuar. Para más inri, la pista que vamos a tomar, una divertida subida llena de curvas, resulta que está en obras, por lo que hacemos varios kilómetros en medio del polvo que levantan los camiones y nosotros mismos. Finalmente logramos coronar el puerto e iniciamos un vertiginoso descenso por una pista ya asfaltada hasta el siguiente pueblo, al que llegamos casi anocheciendo. Aquí se nos presentan dos opciones. Enlazar hasta nuestro destino (Taroudant) por asfalto o continuar el rutómetro. Me decido por esto último y la noche cae sobre nosotros mientra vamos por unas bonitas pistas que discurren por un paisaje parecido a la sabana. Pero el grupo no está para contemplaciones, es prácticamente de noche y algunos van con la gasolina justa, y además seguro que piensan “si el tío este se ha perdido de día, ahora por la noche vamos a aparecer en Argelia”; pero no, por suerte y a pesar de la poca luz completamos el recorrido casi sin problemas (solo ayudar a Arsenio a arrancar su Yamaha, que ha entrado en reserva y se pone tozuda para arrancar) y llegamos al asfalto, donde a los pocos km. nos espera una gasolinera. Ya con el necesario combustible llegamos a Taroudant y tras un pequeño “rodeo” por sus calles (hoy estoy sembrado), alcanzamos por fín el tan ansiado hotel, aunque bastante más tarde de lo previsto.
1ª Etapa
Ha llegado a la redacción una nueva crónica, corta pero concisa, con remitente anónimo, Alias: “El Coyote”, que entró sin hacer ruido ni polvo, y salió siendo unos de los mas atrevidos …
Y dice así:
Érase una vez que ví una publicidad de una Aventura organizada a Marruecos con la moto, me dejé llevar y rellené la solicitud. Era una aventura a todo lujo, con asistencias y todo controlado.
Fui admitido en la Academia de Principiantes Valientes de Sáhara Motor Comp., me gradué y conseguí mi diploma.
Al volver a casa, como Cadete graduado, organicé una reunión con los amigos y cerveza en mano, empiezo a contar la historia que dice así:
- “YO” y mis colegas, hemos participado en el Rally de Playa Blanca, en un mano a mano con Pilotos punteros de Ktm Repsol, y atravesando el desierto con 12 litros de combustible, sólo 2 litros de agua y 4 barritas energéticas. Y, encima, por la noche, unas chavalas y unos garitos…
Y cuando por la noche, agotados y polvorientos, sin más iluminación que un quinqué de petróleo, desmontábamos y montábamos el motor con el destornillador de la navaja multiusos.
Hemos vivido dos aventuras. Y todo por el mismo precio!! Y es que los moteros ¡¡¡ SOMOS LA OSTIA ¡!!
Como cambia el cuento de Caperucita… y bien dicen que si quieres saber la verdad… haber estado.
2ª Etapa
Tras la dura y algo caótica jornada de ayer, hoy va a haber algunos cambios. Parte de mi grupo se reparte entre Paco y Pedro, así que conmigo hoy solo van a venir Alex y Javi. Mejor, pues controlar a un grupo tan grande se hace a veces complicado, y además, así se rueda mejor, sin tanto polvo.
Salimos de nuestro hotel en Taroudant hacia nuestro primer destino, una gasolinera en una población próxima que es la última que vamos a ver en muchos kilómetros. Con los depósitos bien llenos afrontamos las primeras pistas, rápidas y pedregosas, antes de llegar a una complicadilla rambla de grandes cantos rodados y de la que poco después nace la estrecha y revirada pista por la que iniciamos nuestra andadura por la cordillera del Anti-Atlas.
Una vez hemos subido un poco, el aire se nota más fresquito y circulamos sobre unas divertidas pistas, semirápidas y que exigen bastante concentración si se quiere ir rápido, pues hay bastante piedra, pero yo disfruto como un enano sobre la GasGas 515. Alex y Javi me siguen de cerca y avanzamos a buen ritmo, sin los problemas que nos persiguieron ayer, así que tras pasar un valle, nos detenemos a cierta altura, desde donde podemos observar la bajada que hemos hecho hasta el mismo, y con un hermoso paisaje de fondo nos comemos unas barritas para reponer fuerzas. Tras el pequeño tentempié, reanudamos la marcha para llegar hasta donde nos espera el furgón con la comida y gasolina, lo que logramos tras unos cuantos kilómetros más de pista y cruzar algunas dispersas aldeas, cuyos habitantes nos miran pasar sorprendidos.
Una vez en el furgón, tomamos la bienvenida comida (no hay nada como un bocata de jamón con tomate para reponer fuerzas con su Aquarius y unos espárragos Navarros gentileza de las amistades Navarras) y esperamos la llegada de los coches de asistencia en ruta. Una vez llegan éstos, los dejamos comiendo y nosotros seguimos hacia Tafraut, donde repostamos de nuevo, y tras abandonar la ciudad, tomamos una pista hacia uno de los paisajes más increíbles de la ruta: las rocas pintadas, un extraño entorno de enormes rocas redondeadas, amontonadas como por un gigante ocioso, algunas de las cuales fueron pintadas por algún “iluminado”.
Tras las pertinentes fotos reanudamos la marcha, ahora por unos caminos de arena gruesa que ofrecen un agarre excepcional, por lo que las largas derrapadas son una constante. Abundan los cruces en este tramo y hay que prestar mucha atención al rutómetro y al GPS, por lo que al poco nos unimos los grupos de Darío, Pedro y el nuestro, hasta que tras cruzar un par de aldeas nos volvemos a distanciar. Algunos kilómetros más de caminos con buen agarre para exprimir la caballería de nuestras motos, y tras un enlace por asfalto, llegada a nuestro hotel en el puerto de montaña de Kerdous. Hoy llegamos a buena hora, así que en un distendido ambiente, procedemos al mantenimiento de nuestras monturas, que se lo han ganado. Y luego, unas cervecitas bien merecidas y fresquitas para nosotros antes de cenar.
3ª ETAPA - Día 12
Si, ya se que esto va muy lento, pero es que el “negro” que me escribe esto lo tengo compartido con Ana Rosa Quintana, y claro ella le paga mucho más, así que yo solo lo tengo a ratitos.
Con los vehículos en buenas condiciones tras la sesión de mantenimiento de ayer, salimos en busca de Playa Blanca y su arena, pues algunos ya están cansados de las duras sesiones de piedra a las que nos han sometido las pistas de montaña de las dos primeras jornadas. Entre estos se cuentan Jero y Arsenio, que tienen las palmas de las manos destrozadas (que juventud). Solo gracias a las intensas sesiones de “manicura” que les procura Amparo, nuestra querida y siempre servicial enfermera, que les aplica unos vendajes que parecen quemados de tercer grado, consiguen aguantar sobre la moto. Caso aparte es José Julio, que con una gastroenteritis de caballo, hace de tripas corazón (nunca mejor dicho) y se monta en la moto ¡Eso son hombres, coño!
Hoy, solo Javi me acompaña, pues Alex, tras el tute de los dos primeros días, prefiere descansar e ir en el coche. Así que cuando estamos los dos listos, partimos del hotel en busca de las primeras pistas. Estas, bastante rápidas, discurren por una planicie desértica que ya anticipa el tipo de terreno que vamos a ver a partir de ahora. Unos kilómetros más y se abre a nuestros pies un impresionante cañón de paredes verticales, por una de las cuales desciende la zigzagueante pista que nos llevará hasta el palmeral que vemos en su fondo.
Las vistas son bellísimas y paramos en varios lugares a hacer fotos. Finalmente llegamos a la sombra de las palmeras, donde de nuevo echamos unas cuantas fotos más. Finalmente, retomamos la marcha, envueltos en el verdor que contrasta con las áridas paredes del cañón. Poco a poco, este se va ensanchando hasta que al fin vamos por una amplia y rapidísima pista, la cual dejamos para seguir por la ancha rambla en que se ha convertido el barranco. Durante unos diez kilómetros seguiremos unos caminos que casi hay que adivinar, y no pocas veces nos encontramos circulando sobre cantos rodados hasta que se vuelve a intuir la pista.
Termina la rambla en una destartalada gasolinera, donde nos percatamos de que una piedra ha provocado una pequeña fisura en la tapa del cárter de la TE610 de Javi. No pasa nada. Pegote de nural y solucionado. Mientras, el “personal” del establecimiento nos ha informado de que no tienen gasolina. No hay problema, llamada a Benjamín y acude en nuestro socorro a la siguiente población, con los bidones llenos de combustible para todos. Y de paso aprovechamos la parada y la presencia del furgón para tomar la merecida comida.
Con las fuerzas repuestas, reanudamos la marcha. La ruta discurre ahora por una llanura arenosa, con multitud de pistas en todas direcciones, y vamos saltando de una a otra con algún tramo de fuera pista, disfrutando con el manejo del GPS y el roadbook tanto como con el pilotaje. Finalmente llegamos a Guelmim en compañía del grupo de Pedro, y repostamos para acometer la última parte de la etapa que nos conducirá hasta el hotel de Fort Bou Jerif. Una vez allí, decidimos acercarnos hasta las cercanas ruinas del fuerte de la época de la dominación francesa, y tras las fotos de rigor, volvemos al hotel para hacerles el mantenimiento a nuestras monturas, y luego tomar la consabida cerveza.
4ª Etapa - Día 13
Hoy nos levantamos, con más motivación si cabe, pues nos espera la etapa prometida. Las largas playas y las dunas al borde del Atlántico en Playa Blanca. Setenta kilómetros de arena llana y compacta rozando las olas del mar y entre bandadas de gaviotas. Una “delicatessen” archiprohibida en España, de la que aquí vamos a disfrutar plenamente.
Hoy recuperamos a Alex, así que de nuevo convertidos en trío, afrontamos los primeros kilómetros de pista, bastante rota y técnica que nos llevarán hasta la costa. El rutómetro es algo confuso, hay multitud de cruces, y alcanzamos a Pedro y su grupo que dudan en un punto. Decidimos continuar juntos, no sin antes escuchar una desternillante conversación entre Jero (bastante alterado) y Arsenio, al que el primero le recrimina que da demasiado gas y que ya está harto de tragar piedras y polvo. La verdad es que razón no le falta a Jero, la pobre yamaha de Arsenio se está ganando el cielo, pues siempre la lleva en marchas cortas y a punto de parir. Zanjada la discusión continuamos y un poco mas tarde llegamos al fin a la playa. Tras los primeros metros de adaptación a la arena, los más atrevidos abandonan la seguridad de la dura arena junto al mar y empiezan a desviarse hacia la izquierda, donde están las dunas, lo que da lugar a los primeros revolcones y clavadas en la arena (Paco y Pedro, los más experimentados, se sorprenden de lo blandas que son las dunas). Yo tengo oportunidad de ver a Javi salir volando por encima del manillar de su husqvarna y hacer una voltereta, sin consecuencias. Avisados los navegantes de que no es oro todo lo que reluce y que la arena gasta malas bromas, seguimos por la playa hasta que llegamos a la altura de las ruinas del fuerte Aureora, que será donde comeremos, y frente al cual están las dunas más altas de toda Playa Blanca. Mientras esperamos a los coches, nos internamos en ellas y ahora el grupo va cogiéndole poco a poco el tranquillo a la arena, hasta que al final nos atrevemos incluso con las más altas. Jero reclama para sí el honor de haber sido el primero en coronar, pero no sé, no sé… habría que ver la “photo finish”.
En estas estamos cuando Paco sufre un percance bastante curioso. Las dunas están al borde del lecho seco de un río, y tiene tan mala fortuna que va a meterse dentro del único charco en cincuenta kilómetros a la redonda. El caso es que resulta que lo que parecía ser barro seco, está bien blando y su moto se hunde hasta los ejes en él. Enganchan la KTM a un quad, pero en lugar de sacarla lo que consiguen es que la moto se hunda de delante y acabe haciendo un “front flip”. Hay por ahí un video bastante gracioso de todo esto.
Cuando nos hartamos de revolcarnos por la arena (y algunos por el barro, como hemos visto) nos subimos al fuerte y esperamos a los coches, que llegan poco después. Allí montamos la comida, y unos pescadores que andan por allí se ofrecen a asarnos parte de su captura del día, así que nos damos el lujo y tenemos incluso “pescaito frito”, que por cierto, a mí y a José Julio, con el que he compartido habitación y que no hemos desayunado (los dos nos hemos relevado haciendo visitas al baño esta noche) nos sabe a gloria.
Ya con las fuerzas repuestas y con el equipo de filmación de los coches a nuestra disposición, hacemos el indio un poco más por las dunas y cuando nos cansamos tomamos de nuevo la playa y todos en grupo, salimos en busca de nuestro destino de hoy, Sidi Ifni. La marea ha bajado mucho, la playa es ahora anchísima y es espectacular ver tal variedad y cantidad de vehículos pasándose y repasándose entre ellos. Por momentos parece una escena de las películas de Mad Max. Termina finalmente la playa (lo hemos pasado en grande) y tras un buen tramo de pistas como las de esta mañana y un enlace de asfalto llegamos a otro de los puntos curiosos de la etapa. En una playa de piedra hay encallado un barco, herrumbroso ya por los años de exposición al ambiente marino, junto al que nos hacemos varias fotos y Mario incluso se atreve a trepar a su estructura y reconocerlo por dentro. Continuamos, y tras unos pocos pero entretenidos kilómetros por esta pedregosa playa, tomamos el asfalto hasta Sidi Ifni. En el lavadero de su destartalada gasolinera quitamos el salitre de nuestros vehículos y nos dirigimos al hotel ya anocheciendo, pero gracias a los focos que llevamos en el furgón podemos montar una zona de asistencia perfectamente iluminada para hacer el mantenimiento de nuestras monturas. Luego, una ducha, unas merecidas cervezas en buena armonía y una no menos merecida cena.
5ª Etapa - Día 14
Después del palizón de la etapa de ayer, y lo digo no por larga o dura, sino por lo que hicimos el burro en la arena y las veces que nos tocó levantar la moto del suelo, hoy toca “relax”. Una etapa cortita para llegar pronto a Agadir donde nos espera un excelente hotel donde recuperar nuestros ya maltrechos físicos a estas alturas. He dicho cortita pero también tiene su miga. Pistas arenosas sobre los acantilados que bordean el mar, harán que no nos durmamos sobre la moto.
Salimos de Sidi Ifni. Una vez más vamos Alex, Javi y yo mismo, y tomamos los primeros kilómetros de enlace para llegar al punto donde hemos de coger las pistas que antes he mencionado. Pero al llegar, nos encontramos a todo el grupo parado y es que ¡oh, sorpresa! Han declarado parque natural parte de la zona que recorre la pista que pretendíamos tomar.
Tras largas negociaciones con el cuadriculado guardia de turno, este accede finalmente a acompañarnos y enseñarnos una alternativa para esquivar el dichoso parque. Total, que hemos perdido más tiempo con el tipo este que si directamente hubiésemos buscado una alternativa para sortear la puerta, pues según vamos avanzando vemos varias. Finalmente conectamos con la pista que deberíamos haber tomado y seguimos nuestro camino, ahora por unas pistas arenosas, semirápidas y con frecuentes cambios de rasante, que a mí particularmente me divierten un montón y a Javi, solo con ver como hace andar su husqvarna, también.
Llegamos al punto donde hemos acordado parar para montar la comida, y vemos cerca una casa con una buena pérgola a la sombra de la cual nos disponemos a tomar nuestro refrigerio de mediodía, cuando aparece un guardia ¿qué les habremos hecho hoy? y nos dice que allí no podemos estar. Así que recogemos trastos y nos vamos cincuenta metros más hacia delante, donde parece ser que al guardia no le importa que estemos, y podemos tomar por fin nuestro bocata de pan con tomate y jamón al borde del mar. Incluso viene un pescador y nos prepara unos mejillones para chuparse los dedos.
Continuamos camino sobre los acantilados, y los bellos paisajes se suceden, Alex incluso para a mirar algunas caletas, enamorado por las hermosas vistas. Finalmente llegamos al punto donde debemos abandonar la línea de costa, lo que hacemos atravesando un pequeño erg, y salimos al asfalto, solo para tomar poco después unos divertidísimos caminos o casi senderos, con peraltes y saltos incluidos, que nos llevan hasta las afueras de Agadir. Y poco más que contar, atravesamos la populosa ciudad hasta llegar al hotel, un fabuloso Iberostar, y como hemos cumplido nuestro objetivo de llegar pronto, unos aprovechan las magníficas instalaciones del hotel para relajarse y descansar, y otros se van de compras. Por la noche, con todos juntos de nuevo, cenamos en el restaurante del hotel, provisto del buffet más variado que he visto en mi vida.
6ª Etapa - Día 15
Llega por fín la última etapa, la del sabor agridulce. Por un lado, son ya cinco días de intensas jornadas de moto, y el cuerpo pide un descanso. Por otro, estamos disfrutando de nuestra afición favorita y no quisieramos que acabara. Pero de un modo u otro, hoy llegaremos a Marrakech y finalizaremos nuestro viaje. Aunque no será así para todos, porque Paco hoy nos abandona, y se va en el furgón para llegar a tiempo a coger el avión a mediodía en Marrakech. Esto trae como consecuencia que pasemos de ser trio a cuarteto, pues Llorenç, que había ido desde el segundo día con Paco, se nos une a Álex, Javi y a mi.
Salimos pues de nuestro hotel y atravesamos las amplias avenidas de Agadir en busca de los primeros kilómetros de nuestro último día de aventura, que transcurren por una estrecha carretera de montaña, que en rápida ascensión nos eleva sobre el litoral y que a su vez, pronto cambiamos por una pista que se interna en las montañas, alejándonos definitivamente del mar. Pasamos junto alguna aldea hasta que cruzamos una última a partir de la cual la pista se nota muy poco transitada, y no será hasta muchos kilómetros después, llegados a otra pequeña población, que el camino vuelve a verse usado por algún que otro vehículo de cuatro ruedas. Poco a poco la pista va tornándose más ancha y en una suave bajada, nos lleva a la carretera que une Agadir con Marrakech, la cual soporta mucho tráfico y en la que es muy fácil ver adelantamientos de estos que les gusta hacer a los marroquies, y que en España saldrían en el telediario, seguro. Repostamos en una gasolinera y seguimos camino hasta el punto donde debemos tomar de nuevo pista, donde me percato que el grupo no me sigue. Llegan poco después, la moto de Álex ha empezado a fallar, llegando incluso a pararse, por lo que decidimos esperar al coche y cargar la KTM en el remolque, parece que ya ha tenido bastante tute por esta vez, y Álex seguirá lo que queda de etapa en el coche. Una lástima, pues la pista que tomamos es muy divertida, revirada y con saltos, y encima sin piedras, por lo que disfrutamos como enanos haciendo derrapar nuestras burras. Todo va bién hasta que, casi llegando al punto donde debemos comer, la batería de la 610 de Javi dice basta y se niega a mover el motor de arranque. Por suerte, un pequeño estirón con uno de los ATV, a los que hemos adelantado cuando Mario estaba arreglando el enésimo pinchazo, hace revivir a la Husqvarna, lo que será suficiente para llegar al lugar donde nos espera el revituallamiento. Allí sustituimos la batería y una vez repuestas las fuerzas, continuamos como si nada hubiera pasado.
Vamos por pistas rápidas a buen ritmo, tenemos ganas de llegar a Marrakech, cuando encontramos al grupo de Mario parado junto a las moto de Arsenio. Ha tenido la mala suerte de atropellar a un perro al cruzar una aldea y aunque no iba a mucha velocidad, está algo dolorido y conmocionado, por lo que, una vez un poco repuesto, continuamos marcha tranquilamente hasta que los coches nos alcanzan, momento en el que montamos la moto en remolque, y otro más que llegará a la ciudad en coche. Los que quedamos empezamos a mirar por encima del hombro, parece que la mala suerte nos persigue esta última jornada y no quiere que tengamos la satisfacción de terminar la aventura sobre nuestras monturas. Nuestra impresión se confirma poco después pues llegamos a una gasolinera donde nos espera Pedro, con el mousse destrozado a solo sesenta kilómetros de nuestro destino. Otra moto al remolque y otro que llegará a Marrakech sobre cuatro ruedas. Cubrimos el último trecho con aprensión, como si alguien nos mirara de mala manera, pero ya no habrá más problemas y los que quedamos llegamos al ciudad sobre nuestras sufridas monturas, lo que celebramos con un suspiro de alivio ¡Misión cumplida! Ahora, unas cervezas para celebrarlo y todos a la cena-espectáculo de Chez Alí, donde el grupo pasará sus últimos momentos reunido.
Al día siguiente llega el turno de las despedidas. Es triste ver como un grupo de compañeros tan bien avenido se dispersa según van saliendo hacia el aeropuerto para tomar sus repectivos vuelos, pero queda el consuelo que pronto nos reuniremos de nuevo para iniciar nuevas aventuras. Será el año que viene, espero veros a todos ahí.
Otras....
En breve seguiremos con el resto de la crónica....