Aquí tenemos el principio de la crónica vista desde Coyote:
Crónica primer día:
Tras
meses de espera, por fin llegaba el momento que tanto había esperado.
Esta vez lo iba a tener todo preparado, sin prisas. Todo listo para que
el día 20 de marzo no tuviera que correr... ¡Qué ingenuo! El 19 por la
tarde todavía estaba en el Despacho ultimando todo lo que debía quedar
terminado; y, mientras tanto, sonaba el teléfono:
-"Coyote, que tengo los filtros; esos que me habías pedido con tanta urgencia. ¡Cabrón, no has venido a por ellos!" -"Coño,
es que no me da tiempo a ir a buscarlos. Estoy terminando unas
documentaciones y si no la dejo enviada, el cliente me corta los
huevos. Ya lo solucionaré, gracias de todas formas." -"Pero si me dijiste que eran imprescindibles." -"Pero estamos en defcon 1. Los filtros pasan a segundo plano; mis pelotas son primero. Ya los limpiaré allí con gasolina."
Por fin, cerraba la puerta de la oficina pensando ¡que sí, que ya me voy!.
Lo
que quedaba era fácil: echar cuatro cosas en la maleta, supervisar los
checklist, dejar todo preparado para el día siguiente y salir a cenar
con la familia. Bueno, esa era la idea hasta que abrí la puerta...
"Hola, papi!! Te estamos esperando... Dónde nos llevas a cenar??" Con
semejante recibimiento, sin duda la maleta tendría que esperar.
Las
doce de la noche se convertía en la hora perfecta para comenzar a hacer
la maleta, teniendo en cuenta que debía embarcar a las 09:30h en el
aeropuerto. Los checklist, tenían su destino definido: la papelera.
A las 09:29 minutos llegaba a la puerta de embarque. ¡Listo! ¡Objetivo cumplido!
En
el avión coincidía con tres compañeros de aventura, y las dos horas de
vuelo pasaron rapidísimo mientras nos contábamos las batallitas de
siempre. Cada vez estoy más convencido de que los hombres disfrutamos
más contando las historias y experiencias, que viviéndolas. Somos
únicos convirtiendo una batalla en la madre de todas las guerras.
Máxime si las historias las relatamos con una cervecita en la mano.
Por
fin en Marrakech! Éramos los primeros en llegar, así que nos dedicamos
a revisar las motos, guardar las maletas, ponernos guapos... Bueno, eso
algunos; porque otros nos dedicamos a disfrutar de lo imprevisible. En
Marruecos siempre hay algo que no sale bien. Al principio me enfadaba,
luego comprendí que el stress y los enfados injustificados son propios
de la cultura de occidente; y que no sirven para nada. Para los moros
es mucho más sencillo: si no funciona, es porque Alá no quiere; y a Alá
no se le puede llevar la contraria. Es decir, que si no me funcionaba
el road eléctrico ni el trip, debía asumir que terminaría así el viaje.
Y como yo soy un fiel creyente de la teoría de Darwin, que como todos
sabemos postulaba por la evolución de las especies y la adaptación al
medio, decidí que yo también me adaptaría al medio; y extraje una
conclusión que me permitió terminar la aventura sin problemas. Y, lo
que es más importante, sin perderme. Calculé un sistema de medición
personal, que voy a dejar aquí escrito para que puedan usarlo en
sucesivos viajes todos aquellos que tengan el mismo problema con el que
yo me encontré.
- 0,5 km: es poco - 1,0 km: es un ratito conduciendo - 2,5 km: es un rato largo. - 5,0 km: es bastante y se te llena de polvo la pantalla del GPS - 10,0 km: es un huevo y se te empiezan a cansar los antebrazos. - A partir de ahí, es cuestión de hacer múltiplos.
En
fin, con pocas anécdotas más y con la reunión de presentación de la
Organización, terminaba el primer día con nuestros cuerpos desbordantes
de adrenalina. El día siguiente comenzaría propiamente la aventura.